El Instituto Cervantes presenta en Pekín su anuario, en el que cifra en más de 640 millones los hablantes potenciales de español en el mundo; 98.000 están en China
Hace cuatro siglos, Miguel de Cervantes fantaseó con la idea de que se fundase en China “un colegio donde se leyese la lengua castellana”. Así lo imaginó en 1615, en la dedicatoria al conde de Lemos de la segunda parte del Quijote, en la que hablaba en tono humorístico de una petición que le habría hecho llegar el mismísimo gran emperador del lejano país oriental, quien quería que en dicha institución se aprendiese castellano mediante las aventuras del hidalgo manchego.
Ningún emperador lo ordenó, pero 338 años más tarde, en 1953, comenzaron las clases universitarias de español en China. En 2026, ya hay cerca de 98.000 hablantes potenciales, una red de más de un centenar de departamentos universitarios y más de 200 escuelas de primaria y secundaria que lo ofertan, además de dos sedes del Instituto Cervantes: la de Pekín, inaugurada hace justamente dos décadas, y la de Shanghái, constituida en 2024. España es el único país europeo que cuenta con dos centros culturales en China.
Durante el fin de semana, el Instituto Cervantes ha celebrado por todo lo alto sus 20 años de desembarco en el gigante asiático con la presentación, por primera vez en Asia, de la nueva edición de su anuario, que incluye el informe El español: lengua para el mundo 2026, elaborado por el Observatorio Global del Español. La publicación analiza la evolución del idioma a nivel global y las características de quienes lo hablan y estudian. El español ha superado los 640 millones de usuarios potenciales, un 1,5% más que el año anterior, según sus datos. La comunidad de hablantes de español con dominio nativo continúa siendo la tercera mayor del planeta, por detrás de las de chino mandarín e hindi. El documento, que dedica una sección monográfica al español en China, destaca que en esta nación se ha producido un crecimiento del 12,6% de las matriculaciones entre 2023 y 2025.
“En un mundo de complejidad y donde la multiculturalidad está siendo dañada por prepotencias e identidades cerradas, que dos de las lenguas internacionales con mayor número de hablantes nativos colaboren es una llamada de atención a la importancia del entendimiento frente a las incomprensiones y a las negaciones del diálogo”, ha enfatizado en el marco de las celebraciones el director del Cervantes, el poeta granadino Luis García Montero.

Fue en 1952 cuando el entonces primer ministro chino, Zhou Enlai, impulsó la creación del primer programa universitario de español en la actual Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín (BFSU), que iniciaría las clases un año más tarde, con el objetivo de formar a los traductores e intérpretes que trabajarían en el servicio diplomático. Llegó mucho después que la de otras lenguas extranjeras: la primera escuela oficial de ruso se fundó en 1708; la de inglés, en 1862; y la de japonés, en 1897, por citar algunos ejemplos.
Los estudios hispánicos en China han avanzado al compás de las transformaciones del país y de sus relaciones con el exterior, con etapas de auge y retroceso. El impulso de los años sesenta y setenta estuvo ligado al establecimiento de relaciones diplomáticas con países hispanohablantes: primero fue Cuba, en 1960, y a partir de 1970 se sumaron otros como Chile, Perú, México, Argentina o Venezuela. España lo hizo en 1973.
Pero la gran expansión llegó con el cambio de siglo, cuando la apertura económica china multiplicó los intercambios. El ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio, en 2001, aceleró su integración en los mercados internacionales, mientras que los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 simbolizaron su voluntad de proyectarse al mundo. En ese contexto, el creciente comercio con América Latina y la expansión de las empresas chinas en la región (apoyadas en la última década en iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda) hicieron del español una herramienta cada vez más valiosa para encontrar trabajo.
Y las universidades respondieron a esa demanda: de 15 centros con oferta del grado en Filología Hispánica en el año 2000 se pasó a 106 en 2023. En el anuario se cifra en unos 55.000 los graduados en estudios hispánicos de las universidades chinas hasta 2025.
“Cuando llegamos en 2006, nos encontramos con un ingente terreno para explorar”, rememora Inma González Puy, directora del Cervantes de Pekín, cargo que ha ocupado en varias etapas desde su fundación. “A lo largo de los años el modelo ha evolucionado y estamos reinventándonos; queremos estar presentes en más puntos de China”, asevera.
Yang Ming, vicedecano de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái (SISU), opina que “la curiosidad por la cultura y la lengua española siempre ha estado ahí” y resalta que, si bien antes los chinos estudiaban español por las salidas profesionales, “hay una demanda vertiginosa de aprender español como segunda lengua extranjera e incluso por gusto”.
El director del Cervantes ha hecho hincapié en la falta de profesores “para responder dignamente a las peticiones de educación en español” que hay en China y ha destacado la importancia de Latinoamérica en ese sentido: “Al hablar de español no se está hablando de España”.
Francisco Moreno Fernández, director del Observatorio Global del Español, va más allá y pone el foco en el aumento de la demanda del español con fines profesionales. Considera que es necesario diversificar la oferta hacia formatos más flexibles y con carácter más instrumental, lo que requiere también una mayor especialización del profesorado. En China, “las matrículas en Filología se mantienen y están aumentando las de español como asignatura optativa y en cursos extracurriculares”, asegura. “Las autoridades nos exigen que nos adaptemos a la nueva situación, reducir las horas lectivas de competencia lingüística para dejar espacio en el aula a otras áreas del conocimiento, como el derecho, la contabilidad o las ciencias empresariales”, reconoce Yang.
El profesor y editor argentino Guillermo Bravo, fundador de Mil Gotas, un proyecto que reúne librerías, editorial y agencia literaria en China, confirma que desde hace unos años recibe alumnos de otras carreras en sus clases. Además, ha percibido que muchos de sus clientes aprenden ahora español “de manera informal, a través de las redes”.
Aunque la literatura en español traducida al chino gana espacio en las librerías, según Bravo, los editores “no son aventureros” y apuestan por obras que ya han demostrado su atractivo en otros mercados. Pero el catálogo se ha diversificado. Al interés por Gabriel García Márquez (Cien años de soledad es la novela en español más vendida en China), Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Roberto Bolaño se suma la recepción de autoras como Mariana Enríquez e Irene Vallejo. El reto para los hispanistas, indica el traductor Hou Jian, es dar a conocer al lector chino las distintas tradiciones, generaciones y preocupaciones que conviven en una misma lengua.
García Montero ha aprovechado el encuentro para reflexionar sobre los idiomas en tiempos de inteligencia artificial y ha llamado a “hacer del español una lengua de ciencia y tecnología que dé respuesta a toda la transformación digital que estamos viviendo”. A su juicio, lo que ha disminuido no es el interés por el español, sino “la atención a las humanidades” debido a la “mercantilización que sufre el mundo”. “Significa que el español se ha convertido en una referencia en la economía, y eso nos alegra, pero a los que defendemos la cultura como un ámbito de conocimiento fundamental para la convivencia también nos preocupa”, apostilla.
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Hace cuatro siglos, Miguel de Cervantes fantaseó con la idea de que se fundase en China “un colegio donde se leyese la lengua castellana”. Así lo imaginó en 1615, en la dedicatoria al conde de Lemos de la segunda parte del Quijote, en la que hablaba en tono humorístico de una petición que le habría hecho llegar el mismísimo gran emperador del lejano país oriental, quien quería que en dicha institución se aprendiese castellano mediante las aventuras del hidalgo manchego.











