Judeline: “Voy a volver a España para votar”

La cantante gaditana, de 23 años, acaba de alcanzar el número 1 de Spotify junto a Karol G y prepara en Los Ángeles su próximo disco mientras triunfa con su versión de ‘Soldadito español’ en ‘La bola negra’  

Son las nueve en punto de la mañana en Los Ángeles, California. Judeline, Lara Fernández Castrelo en el DNI, se acaba de levantar y está despeluchada y con cara de sueño. Por eso, aunque la rutilante foto que ilustra esta entrevista se hizo en Madrid, en vísperas de su viaje, prefiere no activar la cámara en la llamada telefónica que hemos acordado a esa hora y que inicia ella misma como un clavo. La cantante, gaditana de Barbate, se marchó hace una semana a Los Ángeles sin billete de vuelta y pasa los días probando en el estudio sus nuevas canciones mientras, en la misma ciudad, los Javis y parte del reparto de La bola negra, promocionan a destajo la película en su carrera a los Oscar. La versión de Judeline del clásico pasodoble Soldadito español para la banda sonora del filmese ha convertido en una de sus señas más reconocibles. Eso, junto a que la canción BbYWOW, en colaboración con Karol G. y Rusowsky, la convirtieron en septiembre en la cantante española más reproducida de la historia en Spotify, pueden hacer parecer mayor de lo que es a una chica que solo tiene 23 años. Por algún sitio hay que romper el hielo.

Nos llevamos casi 40 años, ¿de qué podríamos hablar usted y yo en un avión?

Anda, de todo, 100%. Para empezar, las dos somos mujeres. Entonces, ya da igual la edad que tengamos, anda que no tendríamos tela que cortar.

Ha contado que el acoso escolar le provocó una depresión, que se fue a Holanda de au pair a los 16 años y se mudó sola a Madrid a los 17. ¿Cuántas vidas ha vivido a sus 23 años?

Cada vida es un mundo, y a saber qué habrán vivido otros chavales que a mi edad están en la Universidad, o trabajando de lo que pueden. Pero, sí, la verdad es que mis 23 años, sobre todo los cinco últimos, no se asemejan mucho a otros chicos de mi generación.

Habla con una naturalidad aplastante para haber actuado en Coachella, haber sido número 1 de Spotify y estar grabando en Los Ángeles.

No sé, la verdad. En plan, voy como a pasito a pasito, pero tengo una confianza un poco ciega. Muy pocas veces he pensado que algo iba a salir mal. Quizá por no entender cómo funcionan las cosas en el mundo de la música, pero, para mí, todo esto está siendo un viajecito. Me siento en Disneyland todo el rato. Están pasando cosas gordas, y estoy muy agradecida, pero estoy siempre como esperando que llegue lo gordo de verdad.

¿Qué es lo más gordo?

Bueno, pues estoy esperando a que llegue adonde me imagino estar. Estoy en el viajecito, disfrutando, pero aún no he llegado.

¿Dónde?, insisto.

Pues no sé, a un momento más adulto de mí, a ser más mayor, a tener una carrera más consolidada, a hacer el tipo de shows que quiero hacer, a una escala más grande.

¿Cuándo conquistó esa confianza ciega de la que habla?

La verdad es que desde muy pequeña. Siempre he tenido ese pensamiento de mí misma. Dicen que la televisión hace mucho daño, pero a mí me ayudó mucho. Yo veía Disney Channel en casa y estaba convencida de que esas cosas me iban a pasar, de que yo iba a tener esa vida, de que iba a ser cantante, viajar por el mundo. No tenía conciencia de todo lo que tenía que currar y pasar para que eso ocurriera, y es bastante impresionante que haya ocurrido, pero ese delulu lo he tenido desde siempre y ha sido mi gasolina para llegar hasta aquí.

¿Cómo se conjuga ese ‘yo lo valgo’ con la depresión severa que dice que sufrió durante esa etapa?

Mis padres son increíbles, y fueron muy inteligentes mandándome fuera en esos momentos. Han sabido gestionar muy bien mi salud mental y han confiado mucho en mí. Al final, en mis episodios más duros, lo único que me daba esperanza, la luz al final del pasillo oscuro, lo que me iba a sacar de todo y arreglarme la vida era la música. Entonces, fui ciega hacia ese objetivo.

Pero una cosa es querer y otra, poder. Su determinación me recuerda a la de C. Tangana y su “ambición desmedida”, aunque a algunos les parece que decirlo de una mujer no es un piropo.

Sí, total. Yo soy muy ambiciosa. Y, sí, he notado eso que dices. Siempre se me ha tratado un poco de loca, de flipada, de estar mal de la cabeza. Sobre todo, al principio, cuando decía sin complejos las cosas que quería hacer. Recuerdo la primera vez que me invitaron al Primavera Sound, no a cantar, sino como público, y decirle a una amiga mía: “Qué fuerte, tía, cuando yo toque ahí…”, porque yo sabía que iba a tocar en ese escenario. Un artista famoso que estaba detrás de mi me miró y me hizo un gesto como de que estaba mal de la cabeza. Me cortó el rollo un rato, pero luego solo pensé en que le iba a tapar la boca a esa persona y lo iba a conseguir. Y lo conseguí

¿Cómo es estar en Los Ángeles, sola, grabando un disco con 23 años?

Pues muy guay, aunque te diré que estoy un poco acojonada, el choque cultural es muy fuerte porque este país es a la vez maravilloso y a la vez da miedo y el choque cultural es muy fuerte. Vivo sola, pero tengo amigos y gente que me respalda. Además, para mí estar sola no es novedad. Me he sentido sola los primeros 17 años de mi vida y, aun ahora, si estoy demasiado rato pegada a la gente, como que me confundo.

¿Ha trabajado mucho su voz o es un don natural?

De adolescente fui a un par de clases de canto, pero ni he tenido los recursos ni el dinero ni el tiempo de estudiar más porque el conservatorio estaba como a una hora de mi casa. Ahora la verdad es podría hacerlo, pero soy bastante perezosa y muy mala aprendiz. Estoy entrenando, quisiera ser más suave y virtuosa con la voz, pero es verdad que juego con ventaja. Mi padre es músico y me enseñó un montón, y el simple hecho de nacer en Cádiz, donde la música está en la calle, me ha dado mucho. Admiro mucho a la gente que se trabaja su arte a base de horas y me entiendo muy bien con músicos que han trabajado y estudiado muchísimo. Es algo que me da bastante complejo, pero yo tengo prisa, la verdad.

Eso es un poco generacional: ¿lo quiere todo y lo quiere ya?

Sí, la verdad, intento no dejar nada para más tarde. Siento que no tengo tiempo y que tengo que hacer las cosas lo antes que pueda. Por ejemplo, me riñen porque no puedo guardarme una buena canción, necesito sacarla ya. Necesito vivir experiencias, y es verdad que me preocupa que luego todo me va a saber a poco.

¿Quién o qué la mantiene con los pies en el suelo?

Eso es peligroso y me da mucho miedo. Esta carrera tiende mucho a irte separando de la sociedad, del mundo y de las personas que te recuerdan lo que has sido. Entonces, el hecho de que mi familia esté en el pueblo, el dormir en mi casa de toda la vida, comer la comida de toda la vida, me mantiene en la tierra, porque es verdad que uno se puede confundir mucho con el estilo de vida de la música. Quiero seguir teniendo una vida normal, quedar con mis amigas de siempre en una cafetería. Me fijo mucho en Keanu Reeves, que sigue yendo en metro. Quiero ser una ciudadana del mundo y no perder la conexión humana. Si solo te rodeas de gente de la industria y solo hablas de eso y dejas de hablar con tus vecinos, con tus amigos, empiezas a vivir en una burbuja de privilegio y eso es peligrosísimo.

¿Le interesa la campaña electoral? ¿Se informa de lo que sucede en España?

Voy a volver para votar. Sí que estoy atenta, pero, si te soy completamente sincera, cobardemente te diré que el venirme me ha tranquilizado, porque la situación en España me estaba estresando mucho. Irme me ha calmado, porque estaba sufriendo mucho vivir en Madrid, en general. Respecto a la política, me da mucha pena lo que está pasando con la izquierda: el que no estemos teniendo la unión que necesitábamos me da mucha tristeza. Pero admiro a esa gente de mi generación que ha salido a la calle a protestar y a exigir el derecho a la vivienda. Esas ganas de luchar y la reconexión con la política hace muchísima falta.

Rossy de Palma hace un cameo en el vídeo de su canción La falda. Hay quien ve un aire entre ustedes. ¿Usted se lo ve?

La llamé, siempre había querido hacer eso, me hacía muchísima ilusión. Puedo entender a lo que se refieren quienes nos ven un aire, pero la verdad es que yo no me lo veo. Puedo entender lo de tener una belleza poco convencional, pero, joder, es que lo de Rossi es muy potente y creo que somos bastante distintas.

Igual esa singularidad que la hizo distinta y víctima de acoso en su adolescencia, ahora es su fuerte.

Mira, aunque yo haya sufrido mucho de niña y de joven, y aunque yo haya podido oír cosas feas, y aunque yo misma pudiera entender que me llamaran la fea de la clase, nunca me he sentido fea. Ni de adolescente, cuando tenía la cara y la nariz hinchadas, siempre me ha gustado mucho mi cara, la verdad. Jamás se me ha pasado por la cabeza cambiarme la nariz y pasar a ser una más. De hecho, en mi propuesta estética, está muy presente, y es algo elegido.

¿Qué hace un día cualquiera en Los Ángeles?

Pues voy al estudio, con muchas ganas y felicidad. Escribo mis canciones: me ayudan dos chicos americanos, pero, como las letras son en español, las hago yo sola.

¿Qué tiene el español que no tenga el inglés en la música?

Mira, el inglés es muy musical, pero el español es precioso, y si es con acento andaluz, más. Suena romántico. Las palabras pesan. Me encantan las palabras. Tiro mucho de verbos. El “aba” del pretérito imperfecto: caminaba, miraba, me parece muy evocador. Y todas las palabras que vienen del árabe. Me fascina la belleza de la mezcla de las culturas que hay en la lengua. ¿Tú te has parado a escuchar la palabra “albaricoque”? ¿Puede ser más bonita?

¿Se imagina que la nominan a los Oscar por su interpretación de Soldadito español en La bola negra?

No me pueden nominar porque no es una canción original, pero sería un sueño que me invitaran a la gala.

Lara Fernández Castrelo eligió de jovencita llamarse Judeline, en recuerdo de Hey, Jude, la canción de los Beatles. De más jovencita, se entiende, porque Lara (Barbate, Cádiz) acaba de cumplir 23 años, aunque algunos no alcanzan sus hitos en toda una vida. Ella misma ha contado que salió de una depresión severa, causada por el acoso y el aislamiento escolar que sufrió de niña, gracias a la música. Hoy, quiere comerse el mundo.

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​Judeline, fotografiada en Madrid el pasado 14 de octubre.

Son las nueve en punto de la mañana en Los Ángeles, California. Judeline, Lara Fernández Castrelo en el DNI, se acaba de levantar y está despeluchada y con cara de sueño. Por eso, aunque la rutilante foto que ilustra esta entrevista se hizo en Madrid, en vísperas de su viaje, prefiere no activar la cámara en la llamada telefónica que hemos acordado a esa hora y que inicia ella misma como un clavo. La cantante, gaditana de Barbate, se marchó hace una semana a Los Ángeles sin billete de vuelta y pasa los días probando en el estudio sus nuevas canciones mientras, en la misma ciudad, los Javis y parte del reparto de La bola negra, promocionan a destajo la película en su carrera a los Oscar. La versión de Judeline del clásico pasodoble Soldadito español para la banda sonora del filme se ha convertido en una de sus señas más reconocibles. Eso, junto a que la canción BbYWOW, en colaboración con Karol G. y Rusowsky, la convirtieron en septiembre en la cantante española más reproducida de la historia en Spotify, pueden hacer parecer mayor de lo que es a una chica que solo tiene 23 años. Por algún sitio hay que romper el hielo.

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Judeline considera su imagen parte de su propuesta artística.

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