“En vez de fijarnos en los bíceps, fijémonos en los libros”: la ‘app’ de ligue que busca el amor según lo que leas

La chispa inicial entre Callum Turner y Dua Lipa no fue fruto de la abrumadora belleza de ambos, aunque probablemente influyó. Tampoco se debió a que los dos fuesen figuras célebres ni a tener amigos en común. La chispa prendió, según la pareja, porque ambos estaban leyendo el mismo libro: Fortuna (editado en España por Anagrama). “Yo acababa de terminar el primer capítulo y cuando se lo dije, me miró y dijo: ‘Yo también acabo de terminar el primer capítulo’. Respondí: ‘Entonces estamos en la misma página”, contó el actor.

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 Hace tiempo que el libro funciona como reclamo erótico y que los clubes de lectura sirven de lugar donde forjar relaciones sentimentales. Ahora, una aplicación llamada ReadMe lleva todo eso al algoritmo  

La chispa inicial entre Callum Turner y Dua Lipa no fue fruto de la abrumadora belleza de ambos, aunque probablemente influyó. Tampoco se debió a que los dos fuesen figuras célebres ni a tener amigos en común. La chispa prendió, según la pareja, porque ambos estaban leyendo el mismo libro: Fortuna (editado en España por Anagrama). “Yo acababa de terminar el primer capítulo y cuando se lo dije, me miró y dijo: ‘Yo también acabo de terminar el primer capítulo’. Respondí: ‘Entonces estamos en la misma página”, contó el actor.

Son muchas las aplicaciones de citas nicho que surgen con la voluntad de terminar con la fatiga del datinga la que han conducido las aplicaciones tradicionales. Aplicaciones que prometen que las cosas serán diferentes esta vez: que no todo dependerá de lo atractivo que el usuario aparezca en una foto, que acabará con la esclavitud de la atención, con la alimentación continua del algoritmo o, directamente, que no tendremos ni que molestarmos en buscar porque la IA encontrará a nuestra pareja ideal.

La que nos ocupa tiene que ver con los libros. Se llama Readme (léeme, muy bien aprovechados todos sus significados) y en ella la lectura puede pasar a ser el filtro definitivo para encontrar el amor. Ya hace algún tiempo que el libro se ha convertido en un reclamo erótico (“Un tío leyendo es más sexy que un tío mirando el móvil”, nos dijeron en el verano de 2025). Ahora, las aplicaciones lo convierten en uno sentimental. Banu Guler, fundadora de la aplicación de astrología Co-Star, y la escritora y consultora creativa Emily Segal crearon la aplicación pensando que dos personas pueden comprender mejor su compatibilidad mediante sus gustos literarios. La aplicación cuenta con un test para que cada usuario descubra cuál es su arquetipo dentro de los 12 que han creado a partir de investigaciones sobre literatura, análisis del lenguaje y psicolingüística. “Readme es una aplicación de citas para personas cuyo lenguaje del amor es el lenguaje. Está pensada para lectores, escritores y conversadores, y para quienes sienten atracción por lectores, escritores y conversadores”, aseguran.

La modelo Alba Luna, lectora empedernida que tiene su propio club de lectura, Club Lletra Ferida, cree que la idea de la aplicación tiene mucho sentido. “Lo que lee alguien nos da información sobre lo que le interesa o a lo que dedica su tiempo. No tenemos por qué buscar solo a personas que lean lo mismo que nosotras; después no acabaríamos aburriéndonos en las conversaciones”, comenta a ICON. “Pero me parece que dejar de filtrar por el color de los ojos o el tamaño de los bíceps y empezar a hacerlo por las lecturas de las que nos sentimos orgullosas, que además sí es algo que podemos escoger, es algo que puede cambiar la manera en la que nos relacionamos”, añade.

En realidad, esta aplicación lleva al mundo virtual algo que lleva ocurriendo durante años en la vida real: flechazos que se dan en ámbitos culturales, especialmente en clubes de lectura. Clubes, además, que en muchos casos atraen a personas que no solo buscan compartir sus aficiones literarias, sino conocer gente, ya sea para hacer amigos o abrirse a posibles relaciones sentimentales. Luna asegura que en el club ha asistido a muchos flechazos. “Creo que es un sitio perfecto para quienes quieren encontrar otros lugares de recreo en los que el alcohol y la fiesta no son el eje central. Estás en un espacio tranquilo, puedes escuchar a la gente, tienes un tema común ya preparado con el que iniciar una conversación. Es idóneo para flechazos amistosos o amorosos”, asegura.

Paloma Abad, editora en Penguin Random House Grupo Editorial, está también a favor de las librerías y los clubs de lectura como lugar de encuentro. “Siempre sí a un lugar en el que se comparten reflexiones y donde todos los puntos de vista son válidos. Ya casi no quedan refugios así. Soy una cursi, pero ¿no sería una historia como para una novela romántica?”, pregunta. Comedias románticas como Notting Hill o El encanto del champán, que llegó a Netflix en 2025, siguen demostrando que este tropo que sitúa en las librerías el escenario perfecto para los flechazos sigue teniendo mucha fuerza.

Clara Moreno, artista y librera, está deseando organizar un speed dating en la suya. Aunque cree que los clubs literarios y las librerías son un enclave idóneo para comenzar un romance, no cree que los filtros excesivos en materia literaria favorezcan el match. “Hablar de libros es precioso porque charlar de algo que te emociona, te gusta y quieres compartir con otra persona es maravilloso. Sin embargo, la idea de buscar a alguien basándote en sus gustos literarios me parece un aburrimiento, porque queda poco margen a la incertidumbre, a la conversación y al choque. La domesticación del gusto me parece un asesino del deseo”, dice.

Andrea Tommasini, jefe de prensa en Penguin Random House, ya había oído hablar de Readme. ¿Su opinión? “Es una marcianada”, dice tajante. “Que mi pareja no comparta mis gustos literarios no me parece en absoluto un problema. Con mi marido hay algunos libros que nos unen, pero hay muchos en los que no coincidimos: a él le gusta la ciencia ficción y a mí me interesa cero. ¿Dónde está el problema? Sí que veo más interesante que si a ti te gusta mucho leer, a tu pareja también le guste; pero sigue sin parecerme una condición indispensable”, asegura.

Abad reflexiona acerca de poner los gustos literarios en el centro de la búsqueda amorosa. “¿Tiene más sentido basar la elección en el peso, el color de pelo o la altura del objeto amoroso? Supongo que, como en todo, la chispa puede prender a partir de una coincidencia literaria, pero seguro que recurrirá a otros combustibles para mantenerse durante más de un instante”, explica. Considera que, más que libros concretos o géneros determinados, lo que le espantaría es que la otra persona tuviera intereses ‘delicados’. “Cuanto más se aproximen los suyos al universo red pill [libros y guías de alta carga ideológica y tintes misóginos, muy populares en la manosfera], más se alejarán de los míos. Llámame Charo, pero me gusta iniciar las relaciones en igualdad de condiciones y oportunidades”.

Las aplicaciones que consideran que el interés por la lectura es clave para encontrar el amor no son nuevas (Bookmark es un buen ejemplo), pero en pocas ocasiones triunfan. Es el caso de Kierb, que fue conocida como “El Tinder para los ratones de biblioteca”. Cuatro años después de su lanzamiento, ya no existe. El problema no es necesariamente de los libros, pues como señalan los informes de inteligencia sobre aplicaciones de AppFigures, aproximadamente el 75% de las aplicaciones de citas de nicho lanzadas en los últimos años no consiguen generar más de 10.000 dólares de ingresos durante sus primeros seis meses. ¿Podrá el amor por la lectura cambiar las cifras? La escritora Chloé Caldwell da un giro inesperado a la pregunta, pues considera que las aplicaciones de citas no solo pueden encontrar en la lectura un interesante punto de partida, sino que son capaces de ayudar a los escritores a vender libros. Así lo explica en un texto llamado Sí, he estado vendiendo mi libro en aplicaciones de citas. “El tema de los libros me libra de las típicas conversaciones triviales de entrevista a las que se presta la aplicación. En lugar de las temidas preguntas como ‘¿Cuál es tu bar favorito?’ o ‘¿Cómo te describirían tus amigos?’, ya estamos hablando de algo más específico”, asegura. “Es más probable que le dé me gusta a una foto de alguien con un libro en la mano que a una de un cóctel o un cachorro. Ya lo sé, ¡soy un monstruo!”, escribe con ironía. “Poner mi libro en mi perfil no me hace sentir arrogante ni rara; me parece una forma de iniciar una conversación. No se trata de ventas de libros, ni de preventas, ni de reseñas; se trata de comunidad y conexión. He oído decir que la gente usa las aplicaciones solo para conseguir más seguidores en Instagram, así que ¿por qué no usarlas para crear una comunidad literaria más sólida?”.

Salir únicamente con gente con la que se comparten gustos literarios (o, al menos, el hábito de la lectura) podría resultar esnob para algunos. Pero si en 2024 la frase de la creadora de contenido Megan Boni “Busco a un hombre que se dedique a las finanzas, con un fideicomiso, que mida 1,95 y tenga los ojos azules” puso de acuerdo a muchas mujeres que coincidían en que tales filtros no eran exagerados, quizás intentar conectar con alguien a través de los libros no sea en absoluto exagerado tampoco.

 EL PAÍS

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