‘Los desesperados’, de Éric Vuillard: una historia de la historia con Billy el Niño como protagonista

El francés Éric Vuillard, galardonado, entre otros, con el Premio Goncourt (2017, El orden del día) y más recientemente con el Ernst Bloch por el conjunto de su obra, es de esos escritores que siempre nos sorprenden con las mismas argucias que, sin embargo, él se las arregla para que siempre nos parezcan nuevas. Una historia real, investigada hasta extremos que alcanzan la exquisitez informativa sobre momentos pasados y personajes reales muy propios de esos tiempos, una intención narrativa que elude lo melodramático y lo mismo ficciona con proverbial libertad que reproduce con fidelidad ensayística interioridades de un proceso (por supuesto que histórico, documentado) y un encomiable sentido de la mesura que no elude los efectos dramáticos, son todos recursos y artificios que le sirven para, en las pocas páginas que cargan cada una de sus novelas (¿novelas novelas?) revelarnos entramados significativos de realidades que creíamos conocer. Y que, al leerlo, él nos permite rectificar nuestra lamentable creencia.

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 El francés Éric Vuillard, galardonado, entre otros, con el Premio Goncourt (2017, El orden del día) y más recientemente con el Ernst Bloch por el conjunto de su obra, es de esos escritores que siempre nos sorprenden con las mismas argucias que, sin embargo, él se las arregla para que siempre nos parezcan nuevas. Una historia real, investigada hasta extremos que alcanzan la exquisitez informativa sobre momentos pasados y personajes reales muy propios de esos tiempos, una intención narrativa que elude lo melodramático y lo mismo ficciona con proverbial libertad que reproduce con fidelidad ensayística interioridades de un proceso (por supuesto que histórico, documentado) y un encomiable sentido de la mesura que no elude los efectos dramáticos, son todos recursos y artificios que le sirven para, en las pocas páginas que cargan cada una de sus novelas (¿novelas novelas?) revelarnos entramados significativos de realidades que creíamos conocer. Y que, al leerlo, él nos permite rectificar nuestra lamentable creencia. Seguir leyendo  

El francés Éric Vuillard, galardonado, entre otros, con el Premio Goncourt (2017, El orden del día) y más recientemente con el Ernst Bloch por el conjunto de su obra, es de esos escritores que siempre nos sorprenden con las mismas argucias que, sin embargo, él se las arregla para que siempre nos parezcan nuevas. Una historia real, investigada hasta extremos que alcanzan la exquisitez informativa sobre momentos pasados y personajes reales muy propios de esos tiempos, una intención narrativa que elude lo melodramático y lo mismo ficciona con proverbial libertad que reproduce con fidelidad ensayística interioridades de un proceso (por supuesto que histórico, documentado) y un encomiable sentido de la mesura que no elude los efectos dramáticos, son todos recursos y artificios que le sirven para, en las pocas páginas que cargan cada una de sus novelas (¿novelas novelas?) revelarnos entramados significativos de realidades que creíamos conocer. Y que, al leerlo, él nos permite rectificar nuestra lamentable creencia.

Ahora Vuillard regresa con lo que se presenta como una novela titulada en español Los desesperados (en francés Les orphelins), pero que guarda toda su carga explosiva para el subtítulo: Una historia de Billy el Niño. Pues sí, ahora le toca al famoso bandido, pero se nos advierte que no se trata de la historia, sino de una historia, y ahí está la clave de todo lo que el autor nos irá narrando.

Tratándose de unos personajes tan oscuros y mitificados, las certezas factuales parecen no existir

Como en ejercicios anteriores, el acercamiento del francés a las realidades que intenta establecer en esta obra (y digo intenta) parten de una exhaustiva investigación, y él se encarga de refrendarlo. No obstante, tratándose de unos personajes tan oscuros y a la vez tan mitificados como el que trascendería como Billy el Niño o su contemporáneo que se ha conocido como Jesse James, las certezas parecen no existir.

De la identidad del protagonista del relato, por inmejorable ejemplo, nos dice Vuillard: “Unas veces lo llamaban McCarty, por su padre o por su madre, y otras Antrim, por su padrastro, aunque en el momento de su muerte se le conoce por Bonney. Tampoco tiene nombre de pila: puede ser William, Henry o simplemente Billy, según los registros”. Mientras, el no menos mitificado Jesse James ni siquiera se apellidaba así, sino Evans. Y el escritor nos advierte entonces sobre el carácter de lo que creímos saber y lo que ahora podemos intentar saber: y es que nada en relación con estos personajes resulta exacto, solo se trata de existencias anodinas, como la de su protagonista Billy el Niño, a quien “una vez que eliminamos todo lo que no es razonablemente cierto en su vida”, “no le queda nada”. Y por ello su figura solo se revelará con su muerte.

Pero estos famosos bandoleros desperados a quienes resulta tan improbable conocer a pesar de las edulcoradas ficciones del Far West que tantas veces nos los han entregado alejados de la miseria, el hambre y el miedo, por supuesto que no son las únicas figuras del reparto urdido. Así, por este esbozo que arma una historia desfilan también, con puntuales protagonismos, otros tipos, históricos como ellos, aunque con biografías más conocidas y más lustradas, ya que algunos llegan a detentar posiciones económicas, políticas y hasta judiciales importantes en aquellos territorios del más lejano y áspero Oeste.

La relación entre bandidos como Billy, Jesse y otros forajidos como el tal Cahill (el primer hombre al que mataría Billy a sus 17 años), y esos otros personajes notables encierra la clave más significativa de la propuesta conceptual de Vuillard: con los nexos que es posible establecer entre todos ellos el escritor nos está dando, en esencia, una historia posible del crecimiento de un país en el cual la violencia, el despojo, la violación de leyes, el genocidio de sus habitantes originales, entre otras virtudes, desempeñaron un papel tan relevante.

Entonces Vuillard nos cuenta cómo Jesse Evans se dedicaba a robar ganado para vendérselo por casi nada a un tal (histórico) James Dolan que hizo su fortuna suministrándole esa carne afanada al ejército de la Unión, y cómo la muerte de Billy, en 1881, está relacionada con el robo de unas 20 reses que mucho molestó a otro tal y también histórico John Chisum, propietario de unas 100.000 cabezas de ganado, muchas de ellas hurtadas y nuevamente marcadas con sus hierros. Y nos deja claro, con todo énfasis, cómo una buena parte de la campaña expansionista estadounidense fue obra de “pequeños delincuentes salidos de las hordas de pobres, vagos y ladrones”, más que por operaciones del ejército… pues así “salía más barato”. Y en algún momento anota: aquí está uno de los orígenes visibles de “la economía de mercado”.

Demuestra que la imagen romántica de este periodo es una falacia: se trata de una crónica de despojos humanos

De este modo, la búsqueda de la posible biografía de un forajido que vivió y murió como un miserable, que solo fue “un pobre idiota”, le sirve a Vuillard para, siguiendo un estricto curso histórico, ascender hacia la escala social, política y económica más alta de la zona (el Estado de Nuevo México). La indagación adquiere entonces otra dimensión conceptual, pues transparenta el origen de fortunas y cargos políticos y judiciales que decidirán la vida en esa región y, proporcionalmente, en el país. Como queda bien establecido en el capítulo titulado, ni más ni menos, ‘Democracia’.

Escrito con una prosa que, de algún modo, resulta tan incisiva y electrizante como los duelos con revólver que nos han entregado las películas del Oeste, este libro de Vuillard (me cuesta, es obvio, llamarlo novela) nos deja algunas evidencias importantes. Quizás la primera es que la historia puede tener diversas escrituras. Luego que, al ser reescrita, esa historia (y la verdad) puede desvanecerse manipulada por intereses políticos o económicos, aunque a veces resulta posible rectificarla, como pretende el escritor. Y, entre otras más, la demostración de que la imagen romántica de lo que pudo haber sido la conquista del Lejano Oeste es una falacia: se trata solo de una crónica de despojos físicos y humanos por la que cruzaron, como estrellas fugaces condenadas a desaparecer, personajes tan oscuros como el que terminaría siendo conocido como Billy el Niño, pero del cual ni siquiera podemos asegurar cuál fue su verdadero nombre.

Éric Vuillard
Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona
Tusquets, 2026
152 páginas. 17,90 euros

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