Intento de suicidio

“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Tales son las primeras palabras del primer tomo de A la busca del tiempo perdido, la obra monumental de Proust, en las que uno permanece apresado debido a la discrepancia feroz entre su sencillez aparente y su complejidad real. La frase está atiborrada de tiempo. “Durante” se refiere a un período. “Mucho” lo dilata. “Tiempo” lo nombra. “Temprano” nos remite a la hora. Hasta “acosté” está conjugado en pasado. Solo parece quedar fuera “me”, un pronombre de dos letras prendido en medio de ese artefacto temporal.

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 Los niños retrasan cuanto pueden el momento de irse a la cama porque saben a lo que se exponen. Nosotros lo hemos olvidado  

Columna

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Los niños retrasan cuanto pueden el momento de irse a la cama porque saben a lo que se exponen. Nosotros lo hemos olvidado

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Larry Rapp, como Fat Moe, y Robert de Niro (de espaldas), como Noodles, en ‘Érase una vez en América’ (Sergio Leone, 1984).
Juan José Millás

“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Tales son las primeras palabras del primer tomo de A la busca del tiempo perdido, la obra monumental de Proust, en las que uno permanece apresado debido a la discrepancia feroz entre su sencillez aparente y su complejidad real. La frase está atiborrada de tiempo. “Durante” se refiere a un período. “Mucho” lo dilata. “Tiempo” lo nombra. “Temprano” nos remite a la hora. Hasta “acosté” está conjugado en pasado. Solo parece quedar fuera “me”, un pronombre de dos letras prendido en medio de ese artefacto temporal.

A veces cambio una sola palabra, la última: “Durante mucho tiempo me acosté tarde”. La frase se muere. Conocemos todos los tipos y subtipos de la gente que se acuesta tarde y la verdad es que nos dan lo mismo. “Temprano” abre una interrogación. En Érase una vez en América hay un momento en el que Noodles regresa a Nueva York tras treinta y cinco años de ausencia. Su viejo amigo Fat Moe le pregunta qué ha hecho durante todo ese tiempo. “Acostarme temprano”, responde. Es Proust, pero al revés. Proust emplea la frase para abrir la puerta de una vida que recorrerá a lo largo de miles de páginas. Noodles la utiliza para clausurar treinta y cinco años de golpe, como quien baja una persiana.

Llevo años dándoles vueltas a esas seis palabras. Te acuestas y desapareces. Abandonas los zapatos al pie de la cama, las gafas en la mesilla, y te metes entre las sábanas como el que se pone un sudario. Ni idea de adónde vas. Ni siquiera quién va. El que despierta por la mañana se hace cargo de las pertenencias del que se acostó, desayuna con su taza, responde por su nombre y continúa con sus asuntos como si nada hubiera ocurrido. Quizá por eso resulta inquietante acostarse temprano. Los niños retrasan cuanto pueden el momento de irse a la cama porque saben a lo que se exponen. Nosotros lo hemos olvidado. ¿Acostarse temprano no constituye acaso un intento de suicidio? Un simulacro al menos.

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