En Argentina, la decisión de retirar la invitación a la escritora Ariana Harwicz del Festival Cultura Alh de la Universidad de Granada, a raíz de sus posturas sobre la masacre israelí en Gaza, creció de un murmullo inicial de sorpresa al grito de indignación plasmado en una carta pública con más de 400 firmas, muchas de ellas argentinas. Las hay de escritores, editores, libreros e intelectuales de derecha y de izquierda; cercanos a su defensa de Israel y en contra. Algunos autores coinciden con la antropóloga Rita Segato y con las otras seis autoras invitadas al festival que salieron contra Harwicz por “haber negado la existencia del genocidio en Gaza”, pero son minoría. La defensa de la libertad de expresión ha roto la polarización extrema del país sudamericano. Varios libreros consultados aseguran que las ventas de los libros de Harwicz han crecido y lectores que no la conocían se han acercado a ella por primera vez.
En Argentina, la decisión de retirar la invitación a la escritora Ariana Harwicz del Festival Cultura Alh de la Universidad de Granada, a raíz de sus posturas sobre la masacre israelí en Gaza, creció de un murmullo inicial de sorpresa al grito de indignación plasmado en una carta pública con más de 400 firmas, muchas de ellas argentinas. Las hay de escritores, editores, libreros e intelectuales de derecha y de izquierda; cercanos a su defensa de Israel y en contra. Algunos autores coinciden con la antropóloga Rita Segato y con las otras seis autoras invitadas al festival que salieron contra Harwicz por “haber negado la existencia del genocidio en Gaza”, pero son minoría. La defensa de la libertad de expresión ha roto la polarización extrema del país sudamericano. Varios libreros consultados aseguran que las ventas de los libros de Harwicz han crecido y lectores que no la conocían se han acercado a ella por primera vez. Seguir leyendo
La carta pública en defensa de la participación de la escritora en el festival Cultura Alh de Granada aglutina a firmantes de todo el espectro político y aumenta su visibilidad


En Argentina, la decisión de retirar la invitación a la escritora Ariana Harwicz del Festival Cultura Alh de la Universidad de Granada, a raíz de sus posturas sobre la masacre israelí en Gaza, creció de un murmullo inicial de sorpresa al grito de indignación plasmado en una carta pública con más de 400 firmas, muchas de ellas argentinas. Las hay de escritores, editores, libreros e intelectuales de derecha y de izquierda; cercanos a su defensa de Israel y en contra. Algunos autores coinciden con la antropóloga Rita Segato y con las otras seis autoras invitadas al festival que salieron contra Harwicz por “haber negado la existencia del genocidio en Gaza”, pero son minoría. La defensa de la libertad de expresión ha roto la polarización extrema del país sudamericano. Varios libreros consultados aseguran que las ventas de los libros de Harwicz han crecido y lectores que no la conocían se han acercado a ella por primera vez.
El editor y librero argentino Ignacio Iraola considera “grosero invitar a alguien y después desinvitarlo”, pero no se muestra sorprendido por la respuesta del mundo cultural local. “Los argentinos estamos acostumbrados a no quedarnos callados y a protestar por lo que nos parece injusto. Y eso es algo que a veces irrita de Argentina, fíjate en lo que pasó con el Mundial y la bandera de Malvinas”, asegura a la salida de la presentación de la Feria del Libro de 2027, que tendrá a España como país invitado y a Martín Caparrós como orador en la inauguración.

Hace solo cinco meses se celebró la quincuagésima edición de la Feria. En la inauguración, el secretario de Cultura del Gobierno argentino, Leonardo Cifelli, fue recibido con abucheos y silbidos. El ambiente hostil de un auditorio que minutos antes había escuchado las cifras demoledoras de la caída de ventas estatales de libros no impidió que Cifelli subiera al estrado para defender la gestión de Javier Milei ni tampoco que parte del público se levantará y exhibiera carteles contra el Gobierno y gritara “chorro”(ladrón) y “caradura”. No era la primera vez que había protestas y nadie espera tampoco que sea la última.
A finales de 2024, más de 120 escritores se apiñaron en el escenario del teatro Picadero para arropar a la escritora Dolores Reyes y participar en una lectura colectiva de su novela Cometierra en protesta por la retirada de ese libro y de otros tres de las escuelas bonaerenses ante la presión ejercida por grupos conservadores que los consideraban pornográficos. Posiblemente hubo en ese momento algún adolescente que había visto la novela en la biblioteca escolar y pasó de largo, pero después lo fue a buscar a la librería: Cometierra pasó semanas entre los libros más vendidos y la batalla por el derecho a leer ganó más fuerza que nunca.
La escritora y periodista Cecilia Szperling fue una de las impulsoras del manifiesto en apoyo a Harwicz. Cuenta que comenzaron a organizarlo el lunes hasta altas horas de la madrugada, pero cuando despertó tenía el teléfono lleno de personas que querían participar y no sabía cómo se habían enterado. “Fue como una catarsis, un pedido de: ‘Dejen que digamos lo que queramos”, cuenta. Szperling echa mano de su activismo por la ley de legalización del aborto para subrayar que uno de los errores del feminismo fue cerrarse al diálogo porque después se les volvió en contra. “Mi aprendizaje me dice que cancelar no sirve, que sofocar no sirve”, resume.
Esta escritora destaca que el manifiesto tiene firmantes de todo el espectro político a los que les une el rechazo hacia un intento de silenciar a una escritora. “Ariana Harwicz no tiene ninguna demanda, no cometió ningún delito, no cometió abuso sexual, no tiene una perimetral… Hablamos de una escritora que da sus opiniones”, continúa Szperling, quien se pregunta en qué beneficia a la causa palestina impedir que participe en un festival. “Me hubiese encantado ver una discusión pública entre Rita Segato y Harwicz, me hubiera prendido por streaming. Siento que nos quitaron a todos un momento de pensamiento y si yo estuviese invitada no me gustaría participar en un lugar donde excluyen gente”, lamenta. Recuerda que los argentinos ya vivieron las listas negras de la dictadura y quizás de ahí nacen los anticuerpos contra el autoritarismo y la sumisión: “En la sumisión solo perdés. Te vas desintegrando y aislando, por eso Ariana se plantó”.
La escritora y crítica literaria Flavia Pittella advierte en un artículo titulado La silla vacía de que el movimiento que hoy retira a una autora proisraelí de un festival español puede en un futuro usarse contra “un poeta de Gaza invitado en Berlín”. “La causa palestina es fuerte por sus hechos: por las cifras, por las imágenes, por los informes, por el testimonio. No necesita que nadie se calle para ganar una discusión, y cada vez que se apoya en el silencio ajeno pierde la única ventaja que tiene, que es no necesitarlo”, subraya Pittella en una opinión compartida por buena parte de una sociedad que se niega a quedarse callada.
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