José María Lassalle: el intelectual y el chocolate del poder

La primera vez que escuchó a José María Aznar pronunciar en un discurso ideas que él mismo había puesto sobre el papel, José María Lassalle fue “devorando, una tras otra, las palabras que decía el presidente como si fueran bombones”. El joven profesor trataba entonces de abrirse camino como académico en la Universidad Carlos III de Madrid, cuando la brillantez de sus escritos llamó la atención de un PP necesitado de materia gris y de respaldo intelectual en plena tormenta por la guerra de Irak. Poco a poco, el santanderino fue siendo cooptado por los populares y seducido por los atractivos de la política, en la que se estrenó con un bautismo de fuego: defender una intervención militar que estaba sustentada en una mentira.

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 La primera vez que escuchó a José María Aznar pronunciar en un discurso ideas que él mismo había puesto sobre el papel, José María Lassalle fue “devorando, una tras otra, las palabras que decía el presidente como si fueran bombones”. El joven profesor trataba entonces de abrirse camino como académico en la Universidad Carlos III de Madrid, cuando la brillantez de sus escritos llamó la atención de un PP necesitado de materia gris y de respaldo intelectual en plena tormenta por la guerra de Irak. Poco a poco, el santanderino fue siendo cooptado por los populares y seducido por los atractivos de la política, en la que se estrenó con un bautismo de fuego: defender una intervención militar que estaba sustentada en una mentira. Seguir leyendo  

La primera vez que escuchó a José María Aznar pronunciar en un discurso ideas que él mismo había puesto sobre el papel, José María Lassalle fue “devorando, una tras otra, las palabras que decía el presidente como si fueran bombones”. El joven profesor trataba entonces de abrirse camino como académico en la Universidad Carlos III de Madrid, cuando la brillantez de sus escritos llamó la atención de un PP necesitado de materia gris y de respaldo intelectual en plena tormenta por la guerra de Irak. Poco a poco, el santanderino fue siendo cooptado por los populares y seducido por los atractivos de la política, en la que se estrenó con un bautismo de fuego: defender una intervención militar que estaba sustentada en una mentira.

En La persistencia de la memoria (Penguin Libros), la primera parte (de 2001 a 2006) de las memorias del expolítico popular, Lassalle realiza un ejercicio de honestidad poco frecuente. Reconoce que el intelectual acabó cediendo terreno al ideólogo que aspiraba a convertirse en político, y admite, después, que quizá respaldó aquella guerra ilegal atraído por el irresistible chocolate del poder. “¿Me han engañado?”, se pregunta sobre las armas de destrucción masiva. “¿O me he dejado engañar?”.

Hay en la evocación de Lassalle, escrita en el formato de unos diarios en los que se entremezclan sus vivencias políticas y personales con sus abundantes lecturas, una atractiva desnudez en la que no obvia sus tribulaciones ni sus debilidades. Como cuando cuenta la escena en la que Gregorio Peces-Barba, ilustre rector de la Carlos III, le enseña la puerta de salida después de haberle avisado de que tendría que elegir entre la vida académica y la política, tras sus cada vez más intensas colaboraciones con FAES y su respaldo público a la guerra de Irak, que incomoda en el campus progresista madrileño. “No me juzgas por mis capacidades académicas, sino por mis ideas”, clama ante el rector el joven profesor con un pie ya en la política, pero la grandilocuencia de la frase queda empañada por las lágrimas que deslizan a la vez por sus mejillas. “Me avergonzó”, escribe Lassalle sobre su reacción emocional ante Peces-Barba, “y me hizo sentir débil”.

El libro entra en materia cuando Lassalle, que asciende de forma meteórica en el PP, termina como diputado y como uno de los tres puntales del gabinete de Mariano Rajoy, trabajando mano a mano con Soraya Sáenz de Santamaría y Paco Villar en los discursos y la estrategia del gallego en la difícil etapa en la que este sucede a Aznar tras la derrota de 2004. Se convierte entonces en un testigo de excepción de la fractura interna entre Aznar y Rajoy y de las intrigas para derribar al sucesor del aznarismo en el trono del PP.

“A Aznar le resulta incómodo el giro moderado y centrista que intenta sin demasiado éxito el jefe. Y Rajoy sabe que no es querido quien lo eligió y son muchas las maniobras que se orquestan contra él y contra quienes les rodeamos”, anota en sus diarios, en los que relata también algunos de los debates más encendidos dentro del partido, como el de la ley que reconoce el matrimonio homosexual. De nuevo, salen a la luz sus contradicciones éticas, que en este caso resuelve absteniéndose en la votación, pese a que el PP decide oponerse.

Pero hay otra historia que atraviesa estos diarios que convierte el libro político en algo más íntimo: su relación con Meritxell Batet, entonces diputada del PSC, a la que cita en las páginas con la prevención de las iniciales pese a que todo el mundo conoce ya aquella noticia que corrió como la pólvora. Lassalle describe el sufrimiento que atravesó la atípica pareja, que se enamoró mientras el PP y el PSOE libraban una batalla política de enorme voltaje alrededor del Estatuto de Cataluña, como una anomalía que escapaba a las trincheras partidistas. Se casaron en medio de aquella tensión, contra viento y marea, y relata cómo Rajoy le dio su bendición mientras fumaba un puro en su despacho.

La verdadera unidad del libro reside quizá en que la historia política y la personal no son dos relatos separados. Las dos hablan de los mismo: de las dificultades de tratar de escapar de las identidades cerradas, ya sea como académico o como intelectual metido a político. De ser un rara avis al que los suyos tratan de intruso. “Me siento dentro de la tercera España, que vive atrapada en el conflicto a viva o muerte que mantienen las otras dos”, reflexiona en uno de los momentos más concluyentes de esta primera parte de sus memorias, que terminan antes de que llegue al Gobierno como secretario de Estado en el Gobierno de Rajoy. “He tomado partido por una sin convicción. No veo a la otra como enemigo, sino como adversario al que me gustaría abrazar para olvidar el desencuentro y recuperar la amistad”.

José María Lassalle
Prólogo de Jordi Gracia
Taurus, 2026
472 páginas. 23,90 euros

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