Los misterios de Petty, Joy Division y Dylan

Los lanzamientos retrospectivos de artistas históricos no paran de crecer. Detrás hay razones legales y de mercadotecnia  

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Columna

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Los lanzamientos retrospectivos de artistas históricos no paran de crecer. Detrás hay razones legales y de mercadotecnia

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Tom Petty, en una actuación con The Heartbreakers durante el descanso de la Super Bowl en febrero de 2008.JEFF HAYNES (REUTERS)
Diego A. Manrique

Seguramente ya conocen esa cantinela de que el CD es un soporte superado, obsoleto, kaputt. No se lo crean. Cierto, se trata de un nicho del mercado, pero un nicho con consumidores fieles, pudientes e interesados en visiones panorámicas. Como clientes, tienen además comportamientos previsibles: según Spotify, pasados los 33 años se deja de buscar nueva música.

Las discográficas lo saben y ponen cebos irresistibles. Podríamos pensar que un superfan ya tiene todo de su artista favorito, pero siempre se le puede tentar. Pienso en Origins 1971-1978, la nueva caja de Tom Petty & The Heartbreakers. Disponible en soporte vinilo o CD, explica la evolución del músico, desde sus orígenes en Florida a su establecimiento en Los Ángeles, con una parada técnica en Tulsa. Como complemento, se rescatan conciertos en el estudio Record Plant y para la BBC inglesa. Para aumentar la tentación, se ofrece un Blu-ray con versiones de audiófilo de las 51 canciones.

Petty llegó al estrellato, pero en estas lides también funcionan los grupos de culto. Joy Division apenas eran conocidos fuera de su Mánchester natal cuando su cantante, Ian Curtis, se suicidó. Contradiciendo la maldición habitual, New Order,la banda que surgió de aquella tragedia, alcanzaría las listas de venta a partir de 1980. Pero siempre se ha discutido si los discos de Joy Division eran fieles a sus intensos directos. No, claro que no. Ahora se anuncia Eternal: Live, apabullante colección de actuaciones en 14 CD y dos DVD. Todo cabe en la cesta: grabaciones tomadas de emisoras de radio, grabaciones hechas por los técnicos desde la mesa de mezclas, grabaciones de aficionados que, ignorando las prohibiciones, colaron sus casetes en los locales. Están avisados.

También hay un matiz legal que conviene no olvidar: la protección de la propiedad intelectualno es eterna y su normativa varía según los países. Lo saben al dedillo los responsables de comercializar la obra de Bob Dylan, posiblemente el artista más pirateado de la historia. De hecho, no ocultan su intención de recurrir a tretas para salvaguardar su tesoro, lanzando títulos tan descarados como The 50th Anniversary Collection: The Copyright Extension Collection, con portadas de batalla y tiradas diminutas, a veces con CD-R artesanales (para evitar, vaya, que haya despistes en la fábrica).

Ahora, esos vigilantes han vuelto a la Rolling Thunder Revue, la gira que Dylan realizó en 1975 y 1976, buscando actuar en teatros íntimos con colegas tipo Joan Baez o Roger McGuinn. Tal era la idea original, pero en el Mundo Dylan las buenas intenciones nunca duran demasiado: terminó apareciendo incluso en coliseos y estadios. Como todo lo de Dylan en aquellos tiempos ha adquirido dimensión legendaria. En 2019, Martin Scorsese estrenó un documental fantasioso que alternaba material de época y caprichosas filmaciones posteriores. Así, se presentaba a Sharon Stone como ¡responsable del vestuario!

Ya hay tres diferentes lanzamientos que contienen cintas de aquellos conciertos. Y ahora llega el cuarto, una colección bestial. Rolling Thunder Revue: The 1976 Live Recordings son 39 CD, con 37 conciertos, aunque algunas canciones, cachis, estén incompletas. Pero intuimos que estos mamotretos no nacen para ser escuchados diligentemente; en muchos casos, ni llegan al reproductor. Son gestos que ratifican lejanos compromisos del comprador. Actos de fe.

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Seguramente ya conocen esa cantinela de que el CD es un soporte superado, obsoleto, kaputt. No se lo crean. Cierto, se trata de un nicho del mercado, pero un nicho con consumidores fieles, pudientes e interesados en visiones panorámicas. Como clientes, tienen además comportamientos previsibles: según Spotify, pasados los 33 años se deja de buscar nueva música.

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