Imaginemos que la ambición humana y el poder del dinero son tales que ya no es suficiente con un turismo espacial donde los súper millonarios dan la vuelta a la órbita en un cohete, sino que la nueva atracción es conectarse al subconsciente de personas muertas y pasear por sus mentes. Ese es el argumento que ideó el escritor Maximiliano Barrientos cuando desde la editorial barcelonesa Lava lo contactaron para que se hiciera cargo del primer capítulo de un libro que sería concebido como un “cadáver exquisito”, técnica de creación colectiva inventada por los surrealistas en la década de 1920, que consiste en que varias personas se relevan en el proceso artístico. En este caso, el grupo estaría formado por nueve autores iberoamericanos de terror y ciencia ficción: Elaine Vilar Madruga (Cuba), Giovanna Rivero (Bolivia), Lucila Grossman (Argentina), Elisenda Solsona (España), Mafe Moscoso (Ecuador), Luis Carlos Barragán (Colombia), Lola Ancira (México), Karen Andrea Reyes (Colombia) y Barrientos (Bolivia). El libro resultante se titula, precisamente, Cadáver.
Imaginemos que la ambición humana y el poder del dinero son tales que ya no es suficiente con un turismo espacial donde los súper millonarios dan la vuelta a la órbita en un cohete, sino que la nueva atracción es conectarse al subconsciente de personas muertas y pasear por sus mentes. Ese es el argumento que ideó el escritor Maximiliano Barrientos cuando desde la editorial barcelonesa Lava lo contactaron para que se hiciera cargo del primer capítulo de un libro que sería concebido como un “cadáver exquisito”, técnica de creación colectiva inventada por los surrealistas en la década de 1920, que consiste en que varias personas se relevan en el proceso artístico. En este caso, el grupo estaría formado por nueve autores iberoamericanos de terror y ciencia ficción: Elaine Vilar Madruga (Cuba), Giovanna Rivero (Bolivia), Lucila Grossman (Argentina), Elisenda Solsona (España), Mafe Moscoso (Ecuador), Luis Carlos Barragán (Colombia), Lola Ancira (México), Karen Andrea Reyes (Colombia) y Barrientos (Bolivia). El libro resultante se titula, precisamente, Cadáver. Seguir leyendo
Imaginemos que la ambición humana y el poder del dinero son tales que ya no es suficiente con un turismo espacial donde los súper millonarios dan la vuelta a la órbita en un cohete, sino que la nueva atracción es conectarse al subconsciente de personas muertas y pasear por sus mentes. Ese es el argumento que ideó el escritor Maximiliano Barrientos cuando desde la editorial barcelonesa Lava lo contactaron para que se hiciera cargo del primer capítulo de un libro que sería concebido como un “cadáver exquisito”, técnica de creación colectiva inventada por los surrealistas en la década de 1920, que consiste en que varias personas se relevan en el proceso artístico. En este caso, el grupo estaría formado por nueve autores iberoamericanos de terrory ciencia ficción: Elaine Vilar Madruga (Cuba), Giovanna Rivero (Bolivia), Lucila Grossman (Argentina), Elisenda Solsona (España), Mafe Moscoso (Ecuador), Luis Carlos Barragán (Colombia), Lola Ancira (México), Karen Andrea Reyes (Colombia) y Barrientos (Bolivia). El libro resultante se titula, precisamente, Cadáver.

Lava es una editorial joven con casi cuatro años de trabajo. Desde el comienzo fue imaginada como una especie de laboratorio literario, experimental, para cuestionar la autoría tradicional, los procesos creativos y el aporte de un libro en el maremoto de publicaciones. Así lo cuenta Adrià Rosell, su editor y fundador, quien asegura que siempre tuvo en mente este cadáver exquisito. Cuando consideró que era el momento adecuado para intentarlo, contactó a distintos autores que creía podían funcionar. Algunos aceptaron, otros lo rechazaron de primeras y otros lo intentaron: “Hay quienes lo dejaron en el proceso porque no acababan de entrar en el territorio, pero no han sido muchos”.
La única instrucción era recoger lo que habían hecho los antecesores de sus capítulos y evolucionarlo en territorio propio, sin adaptarse al estilo del otro. “Trabajaron sus iconografías, sus mundos, incluso su manera de hablar el español, que es una cosa muy rica en el libro, pues algunos hablan de vos y otros de tú”, ejemplifica Rosell. Lo más desafiante, desde su punto de vista, era confiar en los compañeros —no podían hablar del libro entre ellos— y despojarse de la “autoría clásica más egocéntrica”.
Rosell eligió a Maximiliano Barrientos para comenzar la historia porque ya había publicado un libro suyo en Lava y sabía que empieza sus libros de manera magistral. Le dio libertad absoluta, lo único decidido era el género y el título. A Barrientos, la idea de este “turismo de mentes” se le ocurrió porque venía de trabajar en unos cuentos que tenían que ver con lo onírico y las energías de los sueños. “Intenté vincular los sueños con ciertas consignas de la ciencia ficción y con cuestiones más políticas, que son las cosas que más me interesan”, explica.
Aunque lo que pasa en las páginas del libro es algo que parece lejano, si no imposible, Barrientos no está tan seguro de que así sea. “En el capitalismo la tecnología siempre va a estar en función de establecer una mayor y más perfecta dominación de la sociedad civil en relación a los intereses de una clase dominante”. Así lo vemos, dice, en las redes sociales y la información manipulada para moldear la opinión pública, por ejemplo. En esta lógica, “las propias personas pueden ser pensadas como territorios de exploración”, en un momento donde abruma el poder y descontrol de la tecnología sobre las propias vidas humanas. “Un colonialismo excesivo que nos roba nuestro tiempo, nuestra información más valiosa, y ya el siguiente paso es que nos robe nuestra muerte, que ni muertos podamos desprendernos de ser productos”.

Siete de nueve de las firmas de Cadáver son mujeres. “La literatura latinoamericana weird, de terror y ciencia ficción, sobre todo la escrita por mujeres, es la más estimulante, la más interesante, la que más barreras está rompiendo”, explica Rosell. Ellas han reenfocado problemas, que hasta ahora habían tratado hombres blancos anglosajones, con otras miradas y reflexiones. “El libro más famoso de la editorial [El cielo de la selva, de Elaine Vilar] es imposible que lo escriba un hombre. Lo tiene que escribir una mujer latinoamericana porque trata una serie de temáticas de una manera y una violencia que solo ella siente y ha vivido en su cuerpo”, asegura.
Giovanna Rivero es quien incluye la violencia machista en el argumento del libro, cuando en su capítulo se revela información que da un giro a la historia. Quiso ser parte de Cadáver porque era un experimento “en toda ley” y le daban libertad absoluta, a través de lo que define como “una combinación entre intimidad y colectivo”. Cuando los tres capítulos anteriores llegaron a sus manos, Rivero dice que ya había un escenario armado con una idea “distópica y deshumanizadora de la psiquis”. Entonces tomó decisiones: su capítulo tendría un arco narrativo cerrado, sería en el territorio del subconsciente e incluiría la violencia sexual en la trata de mujeres. Además, en su parte el narrador cambia y pasa a ser una mujer. “Quería hacer el ejercicio un poco revolucionario de invertir los términos del protagonismo porque en los primeros capítulos el narrador es hombre, con una sensibilidad varonil”.
La última en escribir fue Elaine Vilar, quien le dio cierre a los nueve capítulos. “Nunca había tenido un trabajo de tanta complejidad y de tanta significación como es cerrar una novela después de ocho capítulos maravillosos y muy intensos”, comenta. “Cada uno de los autores y autoras habían derramado dentro de las páginas sus propias obsesiones, deseos y búsqueda de escritura”. Por la dificultad, cuenta que leyó cinco veces todos los capítulos antes de empezar a escribir, para empaparse de la dinámica y el lenguaje de los textos y encontrar una salida para el laberinto que habían creado: “Es el proyecto donde más he trabajado”.

Para la autora, no es necesario buscar a los monstruos en lo fantástico ni en la fantasmagoría, sino que hay suficientes monstruos al costado o, incluso, “en el espejo que tienes delante”. Por eso, explica, piensa el tejido del terror dentro de la literatura contemporánea como un espacio donde convive la actualidad y la modernidad en diálogo con las violencias, con la forma de afrontar el mundo, con el modo “tan retorcido” de hacer política o con la capacidad de “canibalizar” los unos a los otros. “Estos temas ponen sobre la mesa de debate la violencia machista, las tradiciones del mundo patriarcal y de qué manera las corporalidades pueden ser también tejido del terror”.
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