Daniel Monzón presenta en San Sebastián una película a caballo entre el drama y el horror sobre el Patronato de Protección a la mujer, institución represora de la juventud en la dictadura
Aunque sus actividades se iniciaron en 1902, el Patronato de Protección a la mujer fue una de las herramientas más terroríficas del franquismo para acallar y someter a chicas que estaban “caídas o en riesgo de caer” —recuerda aquella definición el cineasta Daniel Monzón—, una frase comodín que sirvió para que al menos 40.000 mujeres de entre 16 y 21 años, aunque podía alargarse hasta los 25 años, pasaran por sus instalaciones, creadas para reprimir cualquier atisbo de rebeldía.
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Aunque sus actividades se iniciaron en 1902, el Patronato de Protección a la mujer fue una de las herramientas más terroríficas del franquismo para acallar y someter a chicas que estaban “caídas o en riesgo de caer” —recuerda aquella definición el cineasta Daniel Monzón—, una frase comodín que sirvió para que al menos 40.000 mujeres de entre 16 y 21 años, aunque podía alargarse hasta los 25 años, pasaran por sus instalaciones, creadas para reprimir cualquier atisbo de rebeldía.











