Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift.
Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift. Seguir leyendo
Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift.
“Políticamente”, escribió Orwell, “Swift era una de esas personas que se ven empujadas a una especie de conservadurismo perverso por las locuras del partido progresista del momento”. Su obra rechaza la injusticia y la opresión, decía, sin mostrar aprecio por la democracia. F. R. Leavis destacaba de Swift la ironía, la energía y la negatividad: una especie de destrucción creativa.
“Tengo materiales para un tratado que pruebe la falsedad de la definición del animal rationale, y muestre que solo debería ser rationis capax. Sobre estos cimientos de misantropía (…) se erige todo el edificio de mis Viajes”, escribió Swift al poeta Alexander Pope.
En Los viajes de Gulliver, que publicó con seudónimo, Swift parodiaba los libros de viajes y en particular Robinson Crusoe. El protagonista, el cirujano Lemuel Gulliver, realiza cuatro expediciones: naufragios, accidentes o piratas lo llevan a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y el poder, y para ridiculizar la sociedad de su tiempo y la naturaleza humana. El texto es riquísimo en detalles, ingenio, alusiones y perspicacia.
Los conflictos políticos del primer viaje satirizan el sectarismo político y religioso. Lilliput está en guerra desde hace mucho con Blefuscu. El origen de la enemistad es una divergencia sobre la mejor forma de cascar un huevo. Pero también hay problemas internos: en Lilliput hay dos partidos enfrentados, según la altura de los tacones que prefieran. Los tacones altos, dicen algunos, son más tradicionales y favorecedores; pero el rey ha preferido imponer los tacones bajos en la administración del Gobierno y los cargos de la corona. “La animosidad entre ambos partidos ha llegado a tal extremo que ya no comen ni beben juntos”, explican al viajero. Quizá los partidarios de los tacones altos sean más numerosos, aunque el poder está en los de los tacones bajos. Hay razones para la inquietud: “el heredero del trono muestra cierta inclinación hacia los tacones altos”. Existen camarillas, sicofantes, envidias y traiciones. En uno de los numerosos episodios escatológicos del libro, Gulliver apaga un incendio en palacio orinando sobre el fuego: salva la vida a la reina, pero ella no le perdona el procedimiento.
El segundo viaje, a la tierra de los gigantes, es más oscuro: en un libro que gira a menudo en torno a la idea de dominación, la estancia en Brobdingnag puede verse como una alegoría de la esclavitud. Al principio Gulliver debe actuar en espectáculos de feria. Luego es acogido por los reyes, pero sufre los celos del enano de la corte y está sujeto a los caprichos de los gigantes. Las aristócratas lo usan de mascota; una, para repugnancia de nuestro héroe, lo posa sobre su pezón descomunal.
Hay un procedimiento de desfamiliarización. Gulliver describe la sociedad inglesa al rey, que considera que esta constituye “la raza más perniciosa de alimañas odiosas y minúsculas y odiosas que haya hecho reptar jamás sobre la faz de la tierra”.
La escritura de Swift es clara y poderosa; física y divertida. Pero el humor se va volviendo más sombrío, sobre todo en las dos aventuras finales. El viaje a Laputa se ha leído como una metáfora del colonialismo y de la situación de Irlanda bajo el dominio británico. El rey y la corte viven en una isla flotante, dedicados a la abstracción y despreocupados de sus súbditos. Cuando en una de sus ciudades hay una rebelión, la isla flotante se pone encima, bloqueando el sol y la lluvia, arrojando piedras o aplastándola si hace falta.
Gulliver visita la ciudad de Lagado, devorada por la pobreza y donde sin embargo el rey ha instalado una academia. Allí, algunos científicos (que satirizan a la Royal Society y cuyos planes tienen alucinantes conexiones con el presente) desarrollan sus proyectos: convertir los excrementos en el alimento originario; una máquina que crea texto sin comprenderlo; otra que extrae rayos de sol de los pepinos. Hay planes para hablar solo con monosílabos o eliminar todas las palabras para mejorar la comunicación, y un intento de desactivar tramas e insurrecciones basándose en el análisis de la dieta y deposiciones de los ciudadanos. Según un profesor, cuando uno quiere matar al rey, caga verde. Los artefactos fracasan; los proyectores concluyen que deben ser más radicales.
El cuarto libro muestra una sociedad “ideal” y es el más angustioso de todos: los Houyhnhnms, con forma de caballo, son seres racionales que esclavizan a los Yahoos, una versión tosca de los humanos: brutales, desnudos, sin lenguaje. Esa sociedad perfecta de los Houyhnhnms, sin desorden, mentira ni afectos, se plantea el exterminio de los Yahoos. También considera esterilizarlos: eso acaba con el “problema” sin tener que matarlos. El propio Gulliver (aunque admire a los Houyhnhnms, aunque se vista y hable) está a medio camino: una Yahoo intenta acostarse con él; lo expulsan por ser un extraño y un riesgo para la seguridad. Gulliver, que huye en una canoa hecha con pieles de Yahoos, siente repugnancia ante su propia naturaleza, pero la sociedad ideal de los Houyhnhnms también resulta aterradora. La realidad da asco; la utopía, miedo. A fin de cuentas, Swift no escribía para divertir, sino para molestar. Trescientos años después, las aventuras de Gulliver siguen haciendo las dos cosas.











